IGLESIA SANTA CATALINA, PUNO

Después de la amarga experiencia de ver cómo el monasterio que creó en Arequipa, en 1599, fue destruido por el volcán Waynaputina, Lucía Isabel Rivera de Padilla fundó en el Cusco el monasterio de Santa Catalina en el año 1601. Fue entonces cuando el obispo Antonio de la Raya le otorgó un sitio privilegiado sobre el que se había erigido el acllahuasi o casa de las Vírgenes del Sol.

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Su primera edificación concluyó hacia 1643, año en que se concluyó el retablo mayor ensamblado por Martín de Torres. Pero el terremoto de 1650 echó por tierra este templo y hubo que reconstruirlo en su totalidad. La oportunidad sirvió para cambiar la disposición de su planta. Tanto el templo como la decoración interior quedaron acabados hacia 1669, incluyendo retablos y pinturas.

Su severo exterior ostenta, como otras iglesias monacales, dos portadas renacentistas idénticas y una espadaña a modo de campanario. Todo ello contrasta con la riqueza decorativa del interior, distribuida en su única nave alargada de planta isabelina.

En las obras intervinieron albañiles y canteros indígenas como Mariano y Melchor Huamán.

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