(CRÍTICA) “ASU MARE”: HECHA SOLO PARA DIVERTIR

Según las últimas cifras el largometraje nacional Asu Mare está a punto de llegar a los tres millones de espectadores y, aunque muchos la defienden con cierto aire patriotero y otros la aniquilan por su excesiva comercialidad, en esta revisión trataremos de dar al César lo que es del César.

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Más allá de las ventas, los auspiciadores y el aparato de marketing que ha tenido esta producción cinematográfica, puedo decir en síntesis que es un buen producto, aunque, como obra, en su expresión artística, está ciertamente muy lejos de aquella consideración. La película, si de género humor se trata, cumple con 20 su cometido: Hacernos reír de principio a fin.

No hay duda que Carlos Alcántara es un excelente comediante, poseedor de un innato talento para hacer reír y quizá la historia de su vida sea buena; la de un muchacho de barrio que lucha por sus sueños hasta conseguirlos, sale adelante y triunfa, un argumento muy válido que en la narrativa de la película en realidad se pierde tristemente.

El contenido de Asu Mare es cero le duela a quien le duela, esa es la verdad. Es una película, por sobre todas las cosas, muy coloquial, ágil pero también es bastante superficial, quizá el punto más importante es cuando el propio Alcántara cuenta en off que en algún momento de su vida –al trascurrir los años y pasar de la adolescencia a la vida adulta-, conoce las diferencias sociales, ese pudo ser un buen punto para ahondar en temas tan importantes como la discriminación, las diferencias que el mismo actor habla expuestas en un país tan complicado como el nuestro, pero lamentablemente se diluye contando sus complejos y su “hazaña” de conquistar “al amor de su vida”, una chica blanca de clase alta del San Silvestre con la que hace énfasis en la película como si el deber en la vida de un chico clasemediero fuese apuntarse a toda costa con la burguesía.

Por otro lado, la película carece de un trabajo real en el desarrollo de los personajes, los diálogos y momentos son muy pobres como la participación de Carlos Carlín y Gonzalo Torres, aunque si es destacable la actuación de Wendy Ramos que tiene un personaje sencillo y de corta vida pero bastante enriquecido por la misma actriz. En mi opinión, un buen punto que aporta en este trabajo confeccionado al parecer con cierta ligereza.

La película no tiene una postura, es bastante complaciente y queda bien con todos, pareciera que en su guión hubiesen intervenido sus auspiciadores con la intención de velar por sus intereses comerciales.

En esta evaluación, otro momento destacable y muestra de humildad por parte de su protagonista, aplaudible por cierto, es cuando habla de su barrio, de sus amigos de infancia y de uno en particular, uno de sus amigos pobres que trabaja a su lado como su mano derecha.

Escenas como las de la fiesta de Miraflores o la de la playa son verdaderamente sin sentido, quizá como el personaje de la mamá que no llega a trascender. Muchos han dicho que el éxito de esta película se debe a un efecto de identificación, yo no me sentí identificado, si me he reído, de eso no hay duda, pero básicamente grafica la idiosincrasia arribista de la llamada clase media en la década de los 80s. No es cine para intelectuales, es cine de entretenimiento, quizá una nueva
vertiente del cine peruano que ya se está consolidando. Nuestro cine se está industrializando ¿Eso es bueno o malo? ¿Quién tiene la verdad?

Carlos Huamán
www.peruimagen.com

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