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HUANTA, AYACUCHO

April 17, 2010

La ciudad de Huanta, conocida como “La Esmeralda de los Andes”, ocupa el centro de la provincia y su clima es delicioso. Entre sus edificios se encuentra la iglesia matriz, en la que el arte y el buen gusto arquitectónico rivalizan con la notable solidez de la construcción, toda de cal y piedra. …(Leer más)

LAGUNA DE PARINACOCHAS, AYACUCHO

April 17, 2010

La laguna de Parinacochas, situada en el extremo sur del departamento de Ayacucho, a 3200 m de altitud, está considerada como un importante humedal alto andino; sin embargo, su riqueza florística es poco conocida. …(Leer más)

PAMPA GALERAS, AYACUCHO

April 17, 2010

Pampa Galeras es el principal centro para la conservación de la vicuña en el Perú… Este grácil camélido silvestre está adaptado al frío intenso de la puna y es símbolo de nuestra riqueza animal… su vellón produce la lana más fina del mundo. …(Leer más)

VILCASHUAMAN, AYACUCHO

April 17, 2010

Vilcashuamán es una importante llacta (ciudad) incaica, construía sobre la capital de sus míticos rivales, la Confederación Chanca. Edificada en tiempos de los incas Tupac Yupanqui y Huayna Capac (1400 – 1500 d.C.), fue uno de los centros administrativos más importantes del Tawantinsuyu. …(Leer más)

WARI, AYACUCHO

April 17, 2010

En 1550 el cronista español Pedro Cieza de León daba cuenta del hallazgo de unos monumentales edificios, aproximadamente a 25 Km. de la ciudad de Huamanga, cuya arquitectura difería sistemáticamente de las construcciones incas observadas con anterioridad. …(Leer más)

BARRIO DE SANTA ANA, AYACUCHO

April 17, 2010

Aún tranquila y apacible, ideal para resguardarse de los rayos solares bajo las ramas de los árboles o disfrutar del fresco de las noches estrelladas, la plazuela de Santa Ana, que emergió como vértice de una población maya prehispánica, trata de mantenerse ajena a las bruscas transformaciones de la ciudad.

Modesto barrio de artesanos y jornaleros durante la época colonial que registró rápido desarrollo a partir del trazo de una calzada desde la Plaza Grande en el siglo XVIII y la construcción de su peculiar templo, el parque de Santa Ana también tiene una historia que contar.

En los primeros años del siglo XVIII, el gobernador y capitán general de Yucatán Antonio de Figueroa y Silva mandó trazar una calle derecha Desde el entonces Palacio Episcopal (edificio del Ateneo) hacia el norte, engalanada por dos arcos de cantería, de modo que el panorama del barrio de Santa Ana sufrió un cambio radical que aceleró su desarrollo. En 1729, el mismo personaje, a quien apodaban “El manco”, mandó erigir el templo de Santa Ana -se presume que sobre un basamento precolombino maya- en el sitio donde estaba ubicada antigua capilla abierta.

La obra, que se concluyó en 1733, no la pudo contemplar terminada su promotor, ya que la muerte lo sorprendió en las selvas del oriente del Estado después de combatir con éxito a los corsarios de Belice. Una placa de piedra colocada en la fachada principal exterior del recinto, con inscripción en castellano antiguo, indica que allí reposan los restos mortales de su constructor.

Con respecto a la evolución que sufrió el barrio de Santa Ana, en el capítulo “La invención y evolución de Mérida: siglos XVI, XVII y XVIII”, del libro “Mérida el azar y la memoria”, los antropólogos José Fuentes Gómez y Magnolia Rosado Lugo comentan lo siguiente: “En lo que entonces era el extremo norte de la ciudad, se erigió de 1729 a 1733, por deseo del gobernador y capitán general Antonio de Figueroa y Silva, la iglesia de Santa Ana, para llegar a la cual se abrió un paseo que iba de Santa Lucía a ese punto, con sendos arcos -demolidos en el siglo XIX- en sus extremos.

Aunque no aparece en los registros históricos, antes de 1600 Santa Ana probablemente formó parte de Santa Lucía y en esa parte se cultivaban muchos solares con frutas y hortalizas para el consumo de los vecinos de Mérida. Desde 1733 tuvo una iglesia de cal y canto mandada a edificar por deseo del gobernador y capitán general Antonio de Figueroa y Silva y se abrió una calzada para comunicarla con el casco central”. Una cita del trotamundos Juan Federico Maximiliano Waldeck -Barón de Waldeck- en su visita a Mérida, en 1834, que aparece en el libro “Visiones de Mérida 1542-1942”, precisa que en esa época la ciudad tenía 37,801 habitantes, de los cuales 3,984 vivían en el suburbio de Santa Ana, lo que da una idea del conglomerado humano en esa parte de la urbe.

Sobre el tipo de población que tenían algunos de los antiguos sectores de la ciudad, en el mencionado libro “Mérida: el azar y la memoria”, el Lic. Jorge Bolio Oses, en su capítulo “Mérida y su centro histórico: una relación conflictiva”, indica: “Los suburbios de la ciudad se destinaron a diferentes etnias y estratos ocupacionales de población no española (jornaleros, campesinos, que trabajan para el encomendero, artesanos, etc.) Algunas de estas áreas, como Santiago, Santa Catarina, San Sebastián, Santa Ana, San Cristóbal y Santa Lucía, dieron origen a barrios habitacionales que se desarrollaron principalmente durante los siglos XVII y XVIII”.

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